Construyen casas con tapitas de gaseosas recicladas: la historia de una Pyme que produce «ecoladrillos»

Fuente: iProfesional ~ Un emprendimiento produce bloques encastrables de plástico reciclado. En pandemia duplicaron ventas y ahora desarrollan nuevos materiales sustentables

Hace cinco años, el emprendedor Martín Brea se acercó a Tuboloc, una pyme familiar fabricante de tubos de polipropileno, con la idea de hacer ecoladrillos aprovechando el plástico de las tapitas de gaseosa que se tiran.

«La idea nos cerró por todos lados. Nos pareció un producto innovador y sustentable, y como tenemos 20 años de experiencia en el rubro de la construcción, conocíamos a los posibles proveedores y clientes», cuenta Zenón Santiago, socio de Tuboloc e impulsor del proyecto EasyBrick.

Así, a partir del prototipo de un ladrillo hueco encastrable, liviano (pesa menos de 1 kg), y con alta resistencia y aislación térmica y acústica, los emprendedores pusieron manos a la obra. Y no sólo desarrollaron una línea de producción en serie para los ecoladrillos, sino la marca y el concepto EasyBrick, más un sistema de construcción que permite encastrar los bloques «en seco», de forma rápida y sin desperdicio de materiales.

La novedad comenzó a correr de boca en boca y por redes sociales, y al día de hoy, la empresa, emplazada en el partido bonaerense de Tigre, lleva construidas 200 obras (entre viviendas nuevas y ampliaciones). Y en los últimos cinco años, recicló 300 mil kilos de plástico, transformándolos en 375 mil ladrillos.

«Con las 12 millones de tapitas de gaseosas que se desechan por día en Argentina, podríamos fabricar 36 mil ladrillos para construir 15 viviendas de tres ambientes», apunta Santiago.

Triple impacto

La idea era hacer ecoladrillos aprovechando el plástico de las tapitas de gaseosa que se tiran

Pero no todo es «soplar y hacer ladrillos». La firma lleva invertidos u$s350 mil en la puesta en marcha del proceso productivo, el desarrollo técnico y la registración de marcas y patentes. Y comenzó a tejer alianzas con cooperativas de recicladores y ONGs como la Fundación Garrahan para obtener el polipropileno, que es un tipo de plástico «duro» usado en las tapitas de gaseosas, como también en los tubos para cañerías y en algunos artículos de bazar y autopartes.

El emprendimiento tiene así un triple impacto: económico, porque valoriza un material de descarte; ambiental, porque evita que el plástico vaya a parar a un relleno sanitario o -peor aún- a un basural a cielo abierto, y social, porque trabaja con cooperativas que, además de vender insumos, pueden construir viviendas en forma eficiente y sustentable.

«Tenemos un acuerdo con una cooperativa de recuperadores en Misiones. Nos mandan tapitas, se llevan ladrillos y una capacitación para hacer construcción en seco para las viviendas. Estamos replicando esto con cooperativas de Río Tercero y Chubut y queremos llegar a todo el país. El problema muchas veces es la informalidad y que los recuperadores no emiten factura, por eso es interesante el proyecto de Ley de Envases con inclusión Social que ingresó recientemente al Congreso», apunta Santiago.

Innovación y nuevos proyectos

El emprendimiento tiene así un triple impacto: económico, ambiental y social

Los EasyBrick tienen un tamaño similar a los ladrillos huecos convencionales (30cm x 15cm x 15cm). Se necesitan 22 unidades por cada metro cuadrado y si bien por unidad son más caros (aproximadamente $205 versus $80 o 100 por unidad), «en el costo final, por velocidad y eficiencia de obra, sin desperdicio de materiales ni costos ocultos, se logra un ahorro del 30% por metro cuadrado de construcción», afirma Santiago. «Una vivienda de tres ambientes tipo, que llevaría unos 8 meses de construcción, con nuestro sistema se puede terminar en 45 a 60 días, dependiendo de las condiciones climáticas», asegura el emprendedor.

Durante la pandemia, a pesar de las restricciones y la crisis económica, la firma prácticamente duplicó su volumen de producción y ventas. «Hubo una demanda creciente, ya sea para hacer viviendas nuevas como ampliaciones. Los clientes buscan una forma de construir rápida, económica y a la vez sustentable», comenta Santiago.

No conforme con esto, ya puso en marcha otros proyectos: «estamos empezando a fabricar tejas con plástico reciclado, aprovechando su resistencia y capacidad impermeabilizante. Y pronto vamos a arrancar con cursos de construcción para mujeres para achicar un poco la brecha de género en el sector», adelanta.

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